CUANDO LOS MIEDOS HACIA TUS HIJOS SON EN REALIDAD TUS PROPIOS MIEDOS


Ser padre implica reactivar nuestras experiencias como hijos y rememorar como vivimos la relación con nuestros padres.

Tener un hijo es proyectar nuestros deseos y anhelos pero también nuestros miedos y nuestras inseguridades.

Tener un hijo es verse reflejado en un espejo deseando ver “la mejor versión” y no nuestros defectos.

Desear que nuestro hijo no le pase nada malo en la vida, que sea feliz, que no sufra y que pueda tener la mejor vida posible es normal y sano, y viene intrínseco en la categoría de “ser padre”, pero en algunas ocasiones ciertos deseos se pueden transformar en temores e incluso en angustia. Existen en la paternidad miedos que son más arraigados, más profundos y tienen que ver con nuestra propia historia personal, con nuestras propias faltas que deseamos que bajo ningún concepto se perpetúen en nuestros hijos; y aquí el quid de la cuestión: que algunos temores vienen tan cargados de angustia que como si se tratara de una “profecía auto cumplida”, tienden a perpetuarse..

Se dice que antes de que un hijo nazca ya existe en la mente de los padres como “el hijo imaginario”, y en algunos casos este hijo se adapta a nuestro ideal, pero en otras ocasiones existen ciertos rasgos caracteriales que se alejan de nuestros deseos, o incluso vienen a remover puntos delicados de nuestra vida, que se hace necesario comprender y detectar.

Es aquí donde tendremos que adentrarnos en cómo gestionar estos aspectos diferenciales y poder aceptar dicha individualidad.

Esto lo comprendí cuando mi hija de pequeña, debido a su timidez, se escondía debajo de mis piernas a la hora de saludar, ya fuera a un conocido o a un desconocido.Al principio para mí era un momento incómodo, me enfadaba con ella por no ser educada, y me costaba entender dicha reacción.

Un día descubrí que mi malestar no tenía tanto que ver con que ella lo pasara mal en ese momento, sino que tenía que ver conmigo, que era sobre todo a mí la que me molestaba esta situación. Yo también fui tímida de pequeña, y probablemente esta actitud reactivara fantasmas de mi pasado que no me apetecía ver reflejado en mi hija.

Casi siempre lo que más nos preocupa de nuestros hijos, tiene que ver con nuestra propia historia, nuestro pasado como niños, y esto es importante tenerlo en cuenta.

Entrar en contacto con esta realidad me ayudó mucho e hizo posicionarme ante el problema de forma muy distinta; ya no me preocupaba tanto, me mostré más tranquila y menos tensa en el momento, y debe ser que esto se lo pude transmitir a ella porque también se relajó y se empezó a sentir más cómoda y empezó a saludar cuando se encontraba a una persona.

Por tanto, os animo a que entréis en contacto con vuestros miedos y preocupaciones en relación a vuestros hijos, pero también en relación a vosotros, que podáis indagar que aspectos se están movilizando en esta situación y que tiene que ver con vuestra historia…os ayudará mucho para que podáis colocaros de una forma sana, y les ayudareis a crecer controlando lo que les transferimos.

Es difícil enfrentarse a todo lo que a nivel inconsciente se pone en juego, pero ya poder reconocerlo y ponerlo en palabras, será todo un logro.

 

Os dejo un poema fantástico del escritor Gibran Jalil Gibran (“El Profeta”)

Vuestros hijos no son vuestros hijos.

Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida, ansiosa por perpetuarse.

Por medio de vosotros se conciben, más no de vosotros.

Y aunque estén a vuestro lado, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor; no vuestros pensamientos: porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis albergar sus cuerpos; no sus almas: porque sus almas habitan en la casa del futuro, cerrada incluso para vuestros sueños.

Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no tratéis de hacerlos como vosotros: porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.

Sois el arco desde el que vuestros hijos son diparados como flechas vivientes hacia lo lejos.

El Arquero es quien ve el blanco en el camino del infinito, y quien os doblega con Su poder para que Su flecha vaya rauda y lejos. Dejad que vuestra tensión en manos del arquero se moldee alegremente. Porque así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco que se tensa.”

​​​​​​​​

Florencia Poy Carulli

​​​​​​​Psicóloga Clínica y Psicopedagoga

Gracias por leer

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s